MATERIALES DE LA ARQUITECTURA MODERNA/IDEAS
HELIO PIÑÓN, CURSO BÁSICO DE PROYECTOS, EDICIONES UPC, 1998
EL ESPACIO DEL SOPORTE
La evolución histórica de las técnicas constructivas ha conducido a una progresiva especialización del material continuo en elementos y sistemas dotados de misiones específicas: el soporte del edificio y el cerramiento del espacio, que en las construcciones antiguas coincidían en una fábrica indiscriminada, fueron cometidos asignados con el tiempo a elementos claramente diferenciados. Este proceso culminó en la construcción moderna con la total autonomía del cerramiento debido a la generalización de la estructura de pilares y jácenas.
Es innecesario glosar aquí de qué modo la arquitectura moderna asumió y explotó las condiciones que tal modo de construir inauguraba. En ocasiones, se ha tratado de explicar el fundamento de la idea moderna de espacio como respuesta al nuevo estatuto de la estructura en el conjunto de la obra; tal es la relevancia que la nueva condición del soporte adquirió en la concepción de la arquitectura durante poco más de la primera mitad del siglo xx.
Mientras soporte y cerramiento, aún sin coincidir, integraban sistemas en los que la superposición se daba por contigüidad, su necesaria compatibilidad métrica y material determinó que la estructura fuese una parte esencial del edificio, por lo que no podía separarse de la del conjunto. En los últimos años sesenta se inició la absorción de las jácenas por el forjado al que sirven, de modo que la estructura se redujo a un sistema de pilares soportantes de unas placas rígidas sobre las que discurre la actividad. Esta situación acentuó la conciencia de autonomía de la estructura y avivó la tentación de aplazar su determinación; hasta el punto de llegar a considerarse como un trámite ajeno y posterior a la concepción global del edificio. La nueva mentalidad, peraltada por la indisciplina geométrica que el forjado reticular propicia, ha contribuido a relegar la definición de la estructura a la condición de operación subsidiaria, regida por criterios de eficacia con escasa incidencia en la concepción de la estructura espacial. Así, la conquista de la autonomía física del soporte respecto del cerramiento del edificio se asume como una invitación a la discontinuidad conceptual: la estructura soportante ya no ayuda a estructurar el espacio, se limita a constituir un estorbo inevitable.
Con ello se colma el proceso de pérdida de tectonicidad y se pierde uno de los valores esenciales de la forma moderna: la tensión que deriva del control espacial del desplazamiento entre soporte y cierre. Este fenómeno, generalizado en la arquitectura de las últimas décadas, tiene naturalmente su correlato en los proyectos escolares: dentro de la crisis de la concepción como momento esencial del proyecto en el que la forma adquiere entidad arquitectónica, la ignorancia del cometido regulador de la estructura es acaso la patología más habitual. Es difícil admitir que la concepción visual de un artefacto pueda obviar el momento de su construcción: la propia idea de concebir, formar idea de algo, supone la determinación de un atributo esencial para el nuevo objeto como es su consistencia física.
Es, acaso, la generalización del propósito de imaginar cómo sucedáneo perverso del concebir el hecho que ha determinado en las últimas décadas la pérdida de relevancia de la espacialidad del soporte. El pensar imágenes, aspectos parciales de la futura realidad, no puede de ningún modo suplantar a la acción sintética de formar un objeto; a lo sumo puede proporcionar un referente iconográfico para el acto auténtico de la creación que es el concebir la totalidad.
No hay consistencia formal si no se apoya en una consistencia material del artefacto: incluso quien plagia debería cuidar la estructura material de su producto. Pero no es sólo que se desatiendan las condiciones de estabilidad al concebir los aspectos generales del objeto, sino que se obvia toda verificación de la compatibilidad del artefacto con cualquier sistema estructural; aun cuando éste se considere un mero sistema complementario. Se prescinde de la estructura con la mentalidad de quien evita un impedimento que amenaza con abortar la pureza de unos espacios de ficción: como ocurre con la construcción, se obvia la estabilidad por considerar sus servidumbres un estorbo insoportable para la idealidad del proyecto.
En el fondo del descuido está la pérdida de los valores arquitectónicos ligados a la tectonicidad - esenciales, no ya sólo en la arquitectura moderna, sino en cualquier arquitectura - en favor de plusvalías simbólicas asociadas a una reproducción estilística que a menudo se lleva a cabo con talante ilustrador. La presencia forzada de la estructura soportante trata pues de introducir un elemento de orden visual y material, a la vez que contribuye a facilitar la concepción, acto supremo por el cual el pensamiento visual estructura y conforma, dando sentido a un continuo de materiales dispuestos según un orden, acaso no explícito, pero en todo caso reconocible. Con sólo asumir su estructura, la más banal de las configuraciones arquitectónicas alcanzaría ese mínimo de dignidad por debajo de la cual nadie debería escapar de la visita de la ley.
De acuerdo a la lectura anterior realizar el siguiente ejercicio:
- Buscar el significado de las palabras que no entienda
- Realizar un análisis, de las obras observadas, y de acuerdo al texto leído, identificar el papel de la estructura en la obra arquitectónica.
- Escribir comentario y soportarlo con algunas imágenes o gráficos.
MAURICIO GARCIA
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